
TERCERA CINTA: DONDE, ANTES DE HABLAR DE LOS VASCOS -ETA Y EL MLNV- QUE QUIEREN HACER UNA REVOLUCION SOCIALISTA, SE EXPLICA EL COMO Y EL POR QUE DEL HUNDIMIENTO DE LA UNION SOVIETICA Y SU "SOCIALISMO REAL"
Cómo, por qué y para qué los Estados Unidos declararon la "guerra fría" a la URSS
Atiéndeme bien ahora, por favor. Está documentalmente probado que los norteamericanos sabían que al acabar la II Guerra Mundial no tenían que temer un ataque de la URSS. Que ni quería ni podía intentarlo. El año 1945 los servicios secretos norteamericanos elaboraron un estudio cuya conclusión era que la URSS no empezaría ninguna guerra en los siguientes 15 años, plazo que necesitaría para compensar, haciendo esfuerzos gigantescos, sus pérdidas industriales y humanas. El 6 de noviembre de 1947 el Gobierno yanqui recibe un resumen secreto de su Policy Planning Staff en el que se afirmaba que: "El Gobierno soviético ni quiere ni espera una guerra con nosotros en el futuro previsible". El año 1948 el Consejo Nacional de Seguridad de los Estados Unidos estimó que sería improbable que la URSS se arriesgara a una guerra. La CIA estuvo emitiendo informes secretos en el mismo sentido hasta bien entrado el año 1949. Todas estas pruebas documentales fueron alto secreto durante aquellos años pero ya ha vencido el plazo que la legislación americana establece para el mantenimiento de ese secreto. Y por eso podemos conocerlos.
Pero es que hubo también aquellos años muy respetados y respetables expertos que publicaron y argumentaron su opinión de que los hechos observables indicaban que la URSS no iba a atacar. Schumpeter, economista y profesor de inmenso prestigio, publica en 1946 una segunda edición de su libro Capitalismo, socialismo y democracia, que había tenido y sigue teniendo un inmenso éxito. Y en el capítulo que añade en esa edición afirma que: "Los hechos que hemos contemplado sugieren que, a menos que Stalin cometa el primer error de su vida, no habrá guerra en los próximos años".
Tenemos, por otra parte, pruebas históricas evidentes de que la URSS no quería ni podía atacar a Estados Unidos ni a Europa occidental en aquella época. Una prueba es que Stalin redujo, al acabar la II Guerra Mundial, los efectivos de sus fuerzas armadas desde los once millones y medio de soldados a menos de tres millones hasta que a principios de 1948 respondió a la declaración de guerra fría aumentándolos hasta volver a tener mas de cinco millones y medio a primeros de la década de los años cincuenta. Otra prueba es que la URSS retiró, bajo presión anglonorteamericana, sus tropas del norte de Persia, después de haberlo ocupado aplicando un acuerdo con Gran Bretaña de tiempos de la guerra.
Otra prueba, y esta decisiva, es la inacción soviética ante la Revolución comunista griega desde 1944 hasta que se produce el aplastamiento de los comunistas griegos. El Frente comunista griego de liberación (ELAS) había acelerado la retirada alemana y vencido al prooccidental Ejército nacional demócrata griego (EDES). Las tropas británicas intervinieron contra ELAS desde 1944. Y los ingleses siguieron interviniendo apoyando al gobierno monárquico con armas y subsidios durante dos años y medio de guerra civil, sistemáticamente silenciada por la prensa de Moscú. En 1947 los comunistas griegos proclamaron la República en el Norte y los ingleses, agobiados por su crisis económica, estaban a punto de retirarse. Entonces se produce la intervención de los Estados Unidos desencadenando la primera guerra de contrainsurgencia del imperialismo yanqui. Que dura hasta 1949 y produce 50.000 muertos y centenares de miles de huídos del terror creado por las fuerzas armadas monárquicas. Dirigidas por los asesores militares yanquis (cuatrocientos), financiadas con una ayuda norteamericana de cientos de millones de dólares, esas fuerzas armadas defienden los intereses del bloque dominante configurado por los oligarcas de antes de la guerra, los que colaboraron con los nazis y los corrompidos monárquicos. La URSS no mueve un dedo.
Y es la URSS la que, cuando los ejércitos alemanes han salido o están saliendo de Francia y de Italia, usa la férrea disciplina de los partidos comunistas italiano y francés para que convenzan a los partisanos y a los maquis de que deben entregar las armas con las que han luchado en la resistencia contra los nazis. Las armas que habrían podido servir para activar un proceso revolucionario en ambos países. ¿Has visto la película Novecento de Bertolucci?. ¿Recuerdas las escenas finales? ¿Recuerdas la feroz alegría con la que el terrateniente protagonista grita que "el patrono está vivo" después de que los campesinos hayan entregado las armas, engañados por las promesas y las palabras de los enviados del partido comunista que siguen consignas abandonistas que emanan de Moscú?. Hubo bases guerrilleras obreras comunistas que en el norte de Italia se negaron a entregar las armas e incluso hubo en 1948 el incidente de la ocupación de Milán. Pero la línea marcada por Stalin fué generalmente respetada.
Y fue también Stalin quien dió severas instrucciones a los entonces poderosos, aguerridos y nutridos partidos comunistas de Francia e Italia para que participaran dócilmente como socios menores de Charles De Gaulle y de Alcide De Gasperi en los gobiernos de coalición de la postguerra. El partido comunista francés consiguió la victoria con el 25% de los votos en las elecciones del 25 de octubre de 1945 para la Asamblea Nacional, su minoría mayoritaria de 152 escaños llevaba 12 de ventaja al segundo partido y en diciembre el partido superó el millón de afiliados mientras que el partido comunista italiano consiguió en 1946 cuatro millones doscientos cuatro mil votos -el 19%- y contaba con un millón setecientos setenta y seis mil afiliados que subirían a ser más de dos millones en 1949. Esas dos formidables maquinarias políticas son las que, siguiendo las directrices de Stalin, participan en los gobiernos de coalición con los partidos burgueses para realizar desde allí la función de desactivación de los ímpetus revolucionarios de la clase obrera.
Fue también Stalin quien en la conferencia de Postdam en el verano de 1945 llegó a desautorizar a los comunistas chinos y a decir allí al Presidente norteamericano y al Primer Ministro inglés que el Kuomintang de Chang Kai-Chek era la única fuerza política capaz de gobernar a China. Y fue Stalin quien todavía en 1948 aconsejaba a Mao, que estaba a pocos meses de su arrasadora victoria, que hiciera las paces con Chang Kai-Chek y quien le advirtió que sus planes de lanzar una ofensiva eran irreales y temerarios. Precisamente la victoria de los comunistas chinos es un formidable argumento de hecho, de la práctica, a favor de los que desde posiciones marxistas critican duramente como contrarrevolucionaria y demostradamente errónea la política internacional de Stalin de los años inmediatos a la derrota de Alemania y de Japón.
Pero es también evidente que había muy fuertes argumentos, también de hecho, para defender esa política. Eran un hecho las terribles destrucciones que en la URSS habían dejado como secuelas la invasión nazi y la lucha contra ella y que antes hemos reseñado. Era un hecho el cansancio físico y psicológico de las masas soviéticas, exhaustas después de tantos sacrificios. Era un hecho que Estados Unidos habían emergido de la II Guerra Mundial como la nueva potencia hegemónica en la economía-mundo capitalista, ostentando además el monopolio de una terrible arma nueva: la bomba atómica cuya espantosa capacidad de destrucción habían demostrado los norteamericanos usándola dos veces contra el Japón. Precisamente son muchos los analistas serios que subrayan que las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki fueron a la vez el último acto de guerra contra Japón y el primer acto norteamericano de su política amenazante contra la URSS. Y que este segundo aspecto fue fundamental para tomar la decisión de usar la bomba.
Después de escuchar todo esto lo que ahora tienes que preguntarte es por qué los Estados Unidos prepararon sus planes de guerra contra la URSS y por qué montaron el tinglado mundial de la farsa de su Cruzada defensiva contra la "inminente agresión de la URSS" si sabían que ésta ni podía ni quería atacar y si además daba pruebas de ello con su conducta.
Precisamente para que te hagas esa pregunta es para lo que te he dado tantos detalles de aquella situación. Porque la respuesta a esa pregunta contiene elementos cuyo conocimiento considero imprescindible para que tú puedas entender bien tu presente (y el mío y el del Sur de Euskal Herria) de hoy en día.
Veamos: tenemos abundantes pruebas, documentales e históricas, de que los Estados Unidos se dedicaron muy pronto a preparar planes de guerra contra la URSS. A finales de 1945 el plan Totality, redactado por la Administración norteamericana, contemplaba la guerra contra la URSS en Europa. Los planes estratégico-militares Pincher (fechado en 1946) y Broiler y Fleetwood (fechados en 1947) preveían la realización de una guerra nuclear global contra la URSS. Y hasta los años cincuenta los estrategas yanquis estuvieron soñando con lograr lo que llamaban el "roll back", el repliegue soviético en Europa.
El 5 de marzo de 1946 fue el Presidente Truman quien presentó a los estudiantes de una pequeña facultad de Fulton (en el Estado de Missouri) al orador que, con su evidente bendición, iba a declarar en ese acto la guerra fría: Winston Churchill. Relegado en ese momento a la oposición por los votos de los electores británicos, estaba claro que los expertos en Relaciones Públicas del gobierno de los Estados Unidos quisieron aprovechar para lanzar ideológicamente la guerra fría la fama acumulada por Churchill como el Primer Ministro inglés que había resistido y vencido al nazismo. En ese discurso se lanzó el eslógan del Telón de acero. "Desde Stettin en el Báltico a Trieste en el Adriático, un telón de acero ha caído sobre el continente", dijo Churchill. "Varsovia, Berlín, Praga, Viena, Budapest y Sofía, añadió, todas estas famosas ciudades y todos los habitantes que hay a su alrededor, han caído en la esfera soviética".
En 1947 el equipo presidencial yanqui enhebró una serie de embustes sobre la presunta presión de la URSS sobre Grecia, Turquía e Irán, logrando así que el Congreso de los Estados Unidos apoyara la fórmula del Presidente: su "Doctrina Truman", prometiendo ayuda militar y económica a todos los países para "salvaguardarlos contra la expansión comunista".